Migas Extremeñas!

Un manjar de Dioses en tierras extremeñas.

Muchos y diversos son las maneras de cocinar este exquisito plato reconocido en toda España cómo un manjar de Domingo, y que reconozco que al lado de un buen vino de la tierra pocos platos me hacen disfrutar tanto del  sabor de mi tierra extremeña, se hagan en Extremadura, Toledo o Madrid. Las migas son migas y son una delicia da igual el estilo de cada lugar.

Pero hoy tocan las migas extremeñas, migas cómo Dios manda.

En Extremadura cómo en Castilla la Mancha raro es el domingo que la familia no se reúne a degustar las migas caseras que la abuela hace y que moja el abuelo con paciencia y esmero, con sabiduría y mucha experiencia.

Historia de las migas en España

Es uno de los platos más importantes de la gastronomía española. Para mi sorpresa descubrí que  podemos degustar hasta ocho versiones diferentes de migas según la provincia: aragonesas, manchegas, extremeñas…

Y, aunque desde siempre se asociaron al mundo rural, su origen es aristocrático. ¡Te cuento su historia!

Las migas es un plato típico de nuestra gastronomía elaborado principalmente con pedazos de la miga de pan tostado acompañadas de carnes y verduras picadas. Por su sencillez, hasta el siglo XX ha sido un alimento básico para agricultores y ganaderos trashumantes.

Sin embargo, diversas teorías apuntan que las migas se introdujeron en la Península Ibérica durante la invasión árabe y que su origen está relacionado con el apreciado tharid musulmán. Dado que según la tradición éste era el plato favorito de Mahoma, lejos de ser una receta popular, se trataba de un gran obsequio para las personas distinguidas que visitaban palacios y casas de alta enjundia.

Posteriormente, durante la Reconquista las migas siguieron siendo populares entre los reyes cristianos. Aunque les añadieron productos del cerdo para distinguirse de las creencias musulmanes.

Pese a estos inicios aristocráticos, por su aporte calórico el plato fue popularizándose en el mundo rural, sobre todo, entre pastores trashumantes. Estos llevaban trozos de pan en sus zamarras para hacer frente a las duras caminatas. Así, cuando el pan se les quedaba duro, lo humedecían y lo sofreían en grasa de animal.

A partir del siglo XX han surgido muchas variantes de este plato típico y sabroso: con chorizo, con huevo frito, con patatas fritas, con uvas… Eso sí, siempre con la misma base consistente en pan desmigado y un elemento graso donde sofreírlo.